Exposición temporal
Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias
Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente
C/ San Agustín, 18
38201 - San Cristóbal de La Laguna
La exposición plantea la obra de Esteban Vicente como un territorio de tránsito, un espacio en el que la forma se libera progresivamente de la representación y el color adquiere una vida propia. El título, Umbrales de luz, alude precisamente a ese lugar de transformación, al momento en que aquello que reconocemos deja de ser el objetivo de la pintura para convertirse en una experiencia de luz, color, materia y emoción.
A través de una selección de catorce obras, datadas entre 1925 y 1990, el recorrido permite aproximarse a una trayectoria aparentemente diversa, pero profundamente coherente. Retratos, paisajes, escenas familiares, collages y composiciones abstractas son distintas manifestaciones de una misma búsqueda: alcanzar la realidad de la pintura más allá de su apariencia. Para Vicente, pintar no consistía en reproducir el mundo, sino en construir una realidad plástica capaz de transmitir la experiencia sensible.
Las primeras obras muestran a un artista atento a la tradición y, al mismo tiempo, abierto a la modernidad. La figura y el paisaje siguen siendo reconocibles, pero comienzan a adquirir una autonomía que desplaza el interés desde lo representado hacia la propia construcción de la imagen. En los paisajes de Ibiza, por ejemplo, la observación de la naturaleza se convierte en una experiencia de luz y color; las formas se sintetizan y la pincelada, el dibujo y las transparencias de la acuarela comienzan a revelar un lenguaje cada vez más personal.
Este proceso se intensifica tras su llegada a Estados Unidos. La experiencia del cubismo, especialmente a través del conocimiento de la obra de Juan Gris, le lleva a entender la pintura como una construcción autónoma, mientras que su contacto con la Escuela de Nueva York incorpora el gesto, el movimiento y la energía de la pintura de acción. En torno a 1950, Vicente se sitúa así en el núcleo de la renovación de la pintura estadounidense, aunque desarrolla desde el principio una voz propia, profundamente vinculada a su sensibilidad española.
El collage ocupa un lugar fundamental en este camino. Para Vicente no era una técnica diferente de la pintura, sino otra forma de pintar. Los fragmentos de papel sustituyen a la pincelada y permiten investigar las relaciones entre estructura, materia, espacio y luz. De las pequeñas composiciones de los años cincuenta se pasa progresivamente a superficies más amplias, en las que el color gana autonomía y las formas comienzan a organizar el espacio como verdaderos campos cromáticos.
Desde finales de los años sesenta, esta investigación alcanza una nueva dimensión. El gesto desaparece y las formas se agrandan, se difuminan y parecen emerger de un espacio suspendido. El aerógrafo le permite aplicar el pigmento con extrema suavidad y eliminar la huella del proceso. El color deja entonces de ser un medio para representar la luz y se convierte él mismo en luz, el color es la luz, afirmaba Vicente. En sus llamados paisajes interiores, la pintura se transforma en una experiencia contemplativa, capaz de evocar sensaciones y estados de ánimo sin recurrir a ninguna imagen reconocible.
En las últimas décadas, la intensidad cromática, las formas orgánicas y una renovada libertad gestual muestran que este camino nunca fue lineal. Vicente vuelve una y otra vez sobre los problemas esenciales de la pintura, como el orden, el equilibrio, la emoción y la luz.
Umbrales de luz propone, por tanto, atravesar esos diferentes momentos de su trayectoria, entendiendo cada obra como un umbral, un lugar en el que la realidad visible se transforma en experiencia pictórica. En ese tránsito, el mundo exterior acaba convirtiéndose en paisaje interior y la pintura, en una forma de pensar y sentir la realidad.
Ana Doldán de Cáceres
Esteban Vicente nació en Turégano, Segovia, en 1903, y se trasladó muy pronto a Madrid, donde inició en 1919 sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En el ambiente cultural de los años veinte entró en contacto con los círculos de artistas y escritores vinculados a la Generación del 27. En 1928 presentó su primera exposición en el Ateneo de Madrid. Sus viajes a París y, especialmente, el realizado gracias a la beca de la Junta para Ampliación de Estudios concedida en 1932, favorecieron su contacto con la vanguardia europea.
En 1935 se casó con Estelle Charney y ambos pasaron una temporada en Ibiza. La experiencia del paisaje mediterráneo tuvo importancia en la evolución de su pintura. Tras el estallido de la Guerra Civil, Vicente abandonó España y se instaló en Estados Unidos. Nueva York se convirtió en el centro de su vida artística. En 1937 presentó allí su primera exposición individual. Durante los años siguientes trabajó todavía con la figura, el paisaje y la naturaleza muerta, mientras buscaba nuevas formas de expresión.
La transformación decisiva se produjo durante la década de 1940. Tras su estancia en Puerto Rico, Vicente comenzó a alejarse progresivamente de la representación. La práctica del cubismo y, posteriormente del collage adquirieron entonces un papel fundamental: cubificación de las formas, el uso de fragmentos de papel y sus superposiciones le permitieron investigar nuevas formas de construir el espacio. En 1948 contrajo matrimonio con María Teresa Babín, durante una etapa especialmente importante de su evolución artística.
A comienzos de los años cincuenta quedó vinculado a la New York School y a la primera generación del expresionismo abstracto. Participó en exposiciones como Talent 1950 y 9th Street: Exhibition of Painting and Sculpture. Sin embargo, su pintura siguió un camino propio. Tras una primera etapa en la que predomina el gesto, como en buena parte de las grandes figuras del expresionismo abstracto, Vicente concedió especial importancia al color, la materia, la transparencia y la organización del espacio.
La abstracción no significó para él abandonar la realidad. El paisaje permaneció como una referencia transformada: dejó de ser un motivo reconocible para convertirse en memoria, luz, atmósfera y estructura espacial. El collage, el dibujo y la pintura formaron parte de una misma investigación sobre la superficie y la profundidad. El color fue adquiriendo una autonomía creciente hasta convertirse en uno de los principales elementos constructivos de su obra.
Paralelamente, Vicente desarrolló una importante trayectoria como profesor en instituciones estadounidenses como Black Mountain College, Princeton y Yale. En 1961 se casó con Harriet Godfrey Peters y, desde 1964, alternaron estancias en Nueva York y la residencia que adquirieron en Bridgehampton, donde Vicente se estableció en su último año de vida.
Su reconocimiento se consolidó progresivamente en Estados Unidos y, a partir de los años ochenta, también en España. En 1991 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes. En 1998 el Museo Reina Sofía presentó la retrospectiva Esteban Vicente. Obra 1950-1998, coincidiendo con la inauguración, en Segovia, del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, que acoge una importante donación de obras realizada por el artista y Harriet G. Vicente. En 1999 recibió la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X “el Sabio”.
Vicente continuó trabajando hasta el final de su vida. En sus últimas obras redujo progresivamente los elementos de la composición y dejó que el color, la luz y pequeñas variaciones de materia construyeran el espacio. Murió en Bridgehampton el 10 de enero de 2001.
La singularidad de Esteban Vicente reside en esa evolución: de la representación a la abstracción, del paisaje observado al paisaje convertido en memoria y, finalmente, a una pintura en la que el color y la luz construyen por sí mismos el espacio. Su obra mantiene así un diálogo constante entre la tradición artística europea y la renovación de la pintura estadounidense del siglo XX.
Previa inscripción.
De martes a viernes.
Previa inscripción del grupo.
Actividad gratuita.
Previa incripción.
23 de octubre de 2026
23 de octubre de 2026 - 27 de febrero de 2027
Martes a viernes: de 10.00 h. a 14.00 h. y de 17.00 h. a 20.00 h.
Sábados: de 10.00 h. a 14.00 h.
Lunes, domingos y festivos: cerrado.
C/ San Agustín, 18
38201 - San Cristóbal de La Laguna